Esta semana ya sabéis que es rara. Con dos dÃas de fiesta todo son llantos y lloros: que si ir a trabajar es un infierno, que si el sector industrial se queja por las paradas y puestas en marcha (lógico, por otra parte, que cuesta mucho parar y arrancar), que si la productividad se resiente, que si vivimos en una situación económica apocalÃptica… Vamos, un poco de todo.
De todas maneras, a nadie he oÃdo decir que estos dÃas ya están fijados desde el año pasado y ahora viene la pregunta del millón: ¿a nadie se le ocurrió sentarse a poner en los convenios que esta semana no se trabajara a cambio de, pongamos, tres dÃas menos de vacaciones durante el mes de verano? Vale que estamos al lado de las Navidades, pero cuando sucede esto, resulta que Navidad y Año Nuevo caen en domingo, lo cual hace que en en estas fechas tan entrañables y de consumismo felicidad familiar señaladas, no se pierdan más dÃas que los necesarios.
Y es que éste es uno de los problemas que hay siempre: ¿negociar? ¿Prepararse para algo?
Para qué, si lo que podemos hacer es quejarnos amargamente todos de lo mal que caen estos dÃas. Por cierto, uno de esos dÃas es el 6 de diciembre, dÃa de la Constitución. Igual serÃa mejor no celebrar la aprobación de la Constitución y, quizá de paso, no tener Constitución alguna. De hecho, quizá lo mejor es ir a currar a calentar el culo a la silla y pasar de producir. De hecho, para qué vamos a preocuparnos de la productividad y de la economÃa si lo que nos mola es perder el tiempo quejándonos.
Por mi parte, pueden dar por el orto a los que se quejan de lo que cuesta este puente y se dedican a rascarse las gónadas o tocar las partes pudendas al resto durante el resto del año. Que el calendario laboral se fija con suficiente antelación como para que esto sea tema noticiable.
Ah, espera, que el tiempo acompaña.
Lo dicho.

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